13.10.03

Pesadilla

04:05:03. De golpe, despierta. Una extraña convulsión le sobresalta. Atónito, sin saber qué inesperado acontecimiento le arranca del más silencioso de los sueños, se precipita en la oscuridad de la habitación dispersándose en mil nadas intangibles.
Tembloroso, se acurruca en un rincón y extiende sus bracitos etéreos en un gesto desesperado de incompresión y angustia. Click. Se enciende una luz. Sobre la cama distingue un cuerpo, desde el cuerpo una mano que toma con dedos temblorosos un vaso de agua. La pesadilla empieza ahora..... desde su rincón, sintiéndose miserable, acaba de comprender, el grito, lo efímero de su existencia. 04:05:08

Xiria
Desconcierto cotidiano

Hoy amanecí como de costumbre, pero extrañamente no había nadie en casa. Tampoco me cogieron el teléfono. Sorprendido llamé a Patricia y me respondió alguien que decía haberme equivocado. Igual me sucedió con todos los números de mi agenda. Tras coger el coche comprobé que en mi empresa la gente no era la misma, ni los vecinos, ni los dependientes, nadie era nadie y todos miraban raro mi cara rara. Después de volver y dedicarle dos gritos al espejo con rostro desencajado, he decidido regresar a la cama. Posiblemente la próxima vez salga del sueño y despierte en mi pesadilla.

Vortex

26.9.03

Un encendedor

Extrae un encendedor del bolsillo. Lo lleva hasta el camel que sostiene en sus labios. Mueve la cabeza. Se arranca los cabellos. Respira pausadamente. Se sienta en posición de flor de loto y, sin motivo aparente, desplaza el encendedor de un lugar a otro. Se dirige hacia el teclado y escribe: “Extrae un encendedor del bolsillo de su pantalón. Lo lleva hasta el camel que sostiene en sus labios…”. Antes de abandonar fatalmente la escritura, garabatea: “Estoy cansado de pretender ser interesante”. Cuando un círculo comenzaba a atisbarse en su historia, el instrumento arroja una llama que pulveriza su lengua.

Rodrigo Flores

15.9.03

Secuela

Por las persianas observaba el polvo amarillo, hace dos semanas era un rojo que paulatinamente se iba diluyendo, hace un mes todavía no se había atrevido abrir la ventana. Habían pasado dos meses desde la noche del estruendo y la luz calcinante que lo arropaba todo, que lo traspasó como colador. Estaba soñando y siguió soñando. Ahora estaba despierto todo el tiempo y se daba palmadas para evidenciar su existencia. No lo vencía el sueño ni el hambre. Sabía que el espacio se iba reduciendo y que pronto sólo quedaría él y la ventana y tendría que dar el salto.

J.A. Morales

11.9.03

La Prueba

Entra a la oficina del médico, el bulto sobre el hombro, los resultados en su mano izquierda. Trata de descifrar en los rostros la absolución, camaradería, compasión. ¿Sería benigno? ¿Maligno? La programación noticiosa matutina cede a las telenovelas. Resoluciones de mejor vida y de amor incondicional a toda la humanidad trascurren como cuentas de un rosario imaginario por su mente. Hace pedidos de valentía y serenidad. Llaman su nombre. El médico lee las pruebas, lo pasa al cubículo, lubrica el guante y le introduce el dedo en el culo. "Todo bien", dice, "¿pero, qué te pasa, viste a un muerto?"


j.a.morales

8.9.03

El esófago

Una noche de verano, con el cuerpo untuoso de sudor y un vestido ligero adherido al cuerpo. Las brisas aromáticas del mediterráneo le desplegaban los cabellos.
A la distancia, un chirigüito iluminado, rumoroso de música y comensales.
Se acercó con ese apetito voraz que surge después de un porro, deseosa de un plato de fideos rojos de salsa, aceitunas y ajo.
Como en un sueño, el deseo realizado: un plato humeante posado frente a ella.
Hundió el tenedor, se lo llevo a la boca, masticó lento y deglutió ceremoniosa.
El esófago. Oh, la penetración del esófago. Único orgasmo que desconocía.


Shevatri

7.9.03

11 de septiembre

Despertaron al amanecer, el sonido del helicóptero militar remeció la ciudad.
Un alto parlante informaba desde el aire la declaración del estado de sitio: prohibido circular sin salvoconducto.
Ellas decidieron salir, dispuestas a enfrentar el destino para unirse a sus compañeros.
El lema era defender el gobierno democrático.
Eran muy jóvenes, inocentes y revolucionarias, no median consecuencias.
Impulsadas por una confianza omnipotente atravesaron la ciudad, caminaron a hurtadillas, esquivando balaceras hasta reunirse con otros como ellas.
Esperaron instrucciones infructuosamente. Tres días eternos dentro la fábrica hasta la llegada del allanamiento militar.
Dos años de presidio inenarrable, diez de exilio inconmensurable.

Antonia Calderón
Tu no eres de aquí

Tu origen es inmaterial, tu estado original es perfecto, es puro, no me quedó otro remedio que crear todo esto para que pudieses perfeccionarte, sentir, padecer y así evolucionar. La solución está al final. Tienes que vivir hasta donde las circunstancias que te rodean te permitan hacerlo, no puede ser premeditado, no puede ser orientable y dirigido, tiene que ser espontaneo y simple.
Accesible a todos y a todas. La solución está al final.
No puedes saberlo con antelación pues tendrias ventaja. Yo lo sé, pero me dijerón que aunque lo contase no me iban a creer.
El planeta tierra.

Carlos H.V.

6.8.03

La noche

El matrimonio es una empresa difícil de llevar adelante, se necesitan al menos tres personas para sostenerlo, me dijo, yo no entendí el significado profundo de esa frase que me sonó a frivolidad.

Éramos amigas intimas. Teníamos múltiples intereses en común, y algunos espacios de sombra, como en toda relación. Nunca imaginé hasta que punto.

En ese encuentro que me pareció casual, comprendí. Ambos me invitaron, ella y mi marido necesitaban compartir conmigo una propuesta: vivamos el matrimonio de a tres, nos merecemos compartirlo todo, por la amistad y el amor, que mejor combinación.

Esa noche la oscuridad me inundó.



Antonia Calderón
Del amor al odio

Recuerdo aún el vuelco de mi corazón cuando escuchaba sus pasos. Su risa era una brisa de alegría que expandía mi espíritu. Me estremece recordar los despertares antes del alba con el aliento entrecortado, su rostro ocupando mi sueño, sus brazos estrechándome entre mis sabanas solitarias.

Vivía para encontrarlo, para verlo, para cruzar las miradas y sonreírnos.

No se cuando y como todo cambio.

Sigo reconociendo sus pasos, pero el temblor que me recorre me endurece los músculos y la boca. El insomnio de las madrugadas ahora es para devanar una madeja sin fin de venganzas que no logro tejer.

Antonia Calderón

29.7.03

Costa Brava

No recordaba como había llegado hasta allí.
Desde la cama de hospital, con una bolsa de sangre nutriendo sus venas.
Una amplia ventana se extendía sobre la ciudad y, en el fondo, el mar.
Su último recuerdo: las olas que bañaban su cuerpo en la playa, la espuma teñida de rojo.
Un dulce sopor subía hasta su cabeza mientras imaginaba sus hematíes diluidos en el Mediterráneo. Perdió la cuenta.
Diez, cien, mil. Muchos más perdidos en la inmensidad del mar.
Ahora, una bolsa de transfusión cuelga a su lado, cien centímetros cúbicos más para estar de vuelta a la vida.

Antonia Calderón

25.7.03

La organización social profesional

Mi subdirector dice que no hay que empezar a abordar ningún proyecto si previamente no existe un código para el mismo, porque si no hay código es que el proyecto no existe. El código me lo tiene que proporcionar mi jefe, pero a veces tarda unos meses. Como mi subdirector dice también, a veces, que determinadas cosas hay que hacerlas, pues si esas cosas son de un proyecto que aún no tiene código, o sea que todavía no existe, entonces a veces me paso unas meses trabajando en cosas de proyectos que no existen, pero que están proyectados. Qué cosas...

19.7.03

Correo no deseado


Abrí una cuenta de correo electrónico. "Hora era" me dijeron. Pasó un mes y no llegó ningún mensaje a mi anhelante bandeja de entrada. Reescribí mi nombre de usuario, cambié mi contraseña, alteré mi perfil, mis preferencias. Nada. Insistí en los compañeros de trabajo, en los antiguos conocidos, en los ocasionales. Nada. Confié en las suscripciones, en los reenvíos, en el spam. Nada. Acabé por hacer una nueva cuenta en otro proveedor gratuito y escribirme: "¿Para qué quieres que te molesten? Es evidente que los demás no valen la pena".
El mensaje me llegó. Y me envié a la basura.

Lilith
Virus

Le parecía captar lo que tenían en común los virus, aunque no sabía mucho de biología ni de computación. Existían solamente dentro de otros. Por un tiempo limitado tomaban la vida de ese otro para poder existir.
Se preguntó como sería vivir de esa manera, pero le pareció una pregunta absurda. Él pertenecía a otra categoría. Tenía mucho mas que ver con el arte que con la biología o con la computación.
Nota para el lector: Este cuento que ahora lees es quien hace estas reflexiones. El no sabe que su existencia terminará cuando tus ojos lleguen al punto final.

Alex Kalawski Boza

17.7.03

El jinete

La brisa dio en su cara; cerró los ojos y se vio en una pradera galopando en vertiginosa carrera. Su entusiasmo lo llevo a campo traviesa y a un sinfín de historias inimaginables.
De pronto, el alazán fue deteniendo su marcha y tuvo que volver de su fantástico e imaginario viaje que había llegado a su fin.
Cuando no se había detenido totalmente, el niño echo pie a tierra y se dirigió alborozado, corriendo hacia su madre que lo esperaba con los brazos
abiertos, mientras los finales sones de la música, acompañaban la inercia del último giro de la calesita.

José María Cuenca

16.7.03

La hora del relevo

Observó su propia mirada reflejada en el agua. Todos le tenían gran respeto, sobre todo por su capacidad de improvisar planes de evacuación ante el fuego. Y estaba seguro de poder merecer todavía muchos años más esa admiración. Pero algo en sus mismos ojos le hacía dudar. Los jóvenes venían empujando con fuerza. Su propio hijo rivalizaba ya con él...

Se alejó del río y pidió a su hijo que lo acompañara al risco. Allá arriba, ambos recibieron las aclamaciones. Luego, sencillamente, se retiró al bosque, para que todos supieran que en adelante ya sólo sería el padre de Bambi.

Albert Rossell

14.7.03

Declaración de amor

Hoy lo he vuelto ha hacer. He entrado a su trabajo con el único propósito de verla. Como cada día, un escalofrío ha recorrido mi cuerpo, ¿qué llevaría hoy?. Con su saludo casi me derrito, no puedo soportarlo. Ahí estaba, preciosa, como de costumbre. Cuando me ha sonreído no lo he dudado: “hoy voy a decirle lo guapa que está, lo loco que me tiene, que pienso todas las noches en ella”.
Me he acercado y, todavía temblando, se lo he soltado de golpe... “qué calor hace hoy, menos mal tenéis aire acondicionado”.
Mañana me atreveré, de mañana no pasa.

Carlos Font-Flaj

5.7.03

Obsesión

Se había obsesionado con los cuentos de cien palabras. ¿Podría escribir uno de veinte? ¿Lograría incluir en el cuento esa obsesión?
PLACER.
¡Que extraño placer tenemos los humanos! Fijarnos una meta difícil y lograr cumplirla. La cumplió: El cuento tenía veinte palabras.

Lograría hacerlo sólo con diez?
JUGAR.
¡No juego más! Afirmó. Ignorando que jugaba a no jugar.

¿Y solamente con cinco?
IGNORANCIA.
Vivía ignorante: Había muerto ayer.

Se sentía mucho mejor satisfaciendo sus obsesiones. Pero, entonces le surgió una nueva: ¿Qué podría hacer con todo esto? ¿Podría publicarlo? ¿Dónde?
Podía dar un último paso: Juntar todo en cien palabras.


Alex Kalawski Boza
Estoy haciendo trampa

Eso dijo. No sólo lo pensó, sino que lo dijo explícitamente. Decirlo era parte de la gracia. Al hacer trampa estaba trasgrediendo la regla. Y era una regla fundamental, no una cualquiera. Pero a la vez estaba cumpliendo con ella, si no lo hacía no lograría ser visto.
De ese modo estaba satisfaciendo, a la vez, dos necesidades fundamentales: Por una parte pertenecer y ser uno más, y por otra diferenciarse y ser diferente.
Al hacer que el título formara parte del cuento había logrado que la última palabra con que terminaba fuera, no la número 100, sino la 103.

Alex Kalawski Boza
Prisionero

Cuando cantaba, todos los que lo escuchaban parecían entrar en otro estado. Al verlos se podía decir que tocaban el cielo.
Lo trataban con cuidado. No le faltaba agua ni comida y estaba protegido del frío. Incluso tenía un baño sólo para él. Pero igual se sentía muy triste. Tan solo, tan extraño en ese ambiente. Y sobre todo no tenía ninguna posibilidad de desplegar sus alas en ese espacio tan reducido.
Fascinándolos con su canto había logrado que no percibieran su verdadera apariencia. Por eso lo trataban como si fuera un canario.
Encerrado en la jaula el ángel lloraba.

Alex Kalawski Boza.

4.7.03

Ay…Barcelona

Se fue hace un par de meses, rumbo a esa Meca que hoy es España para los argentinos. Acompañada de su pareja, se la veía feliz y triste a la vez. Antes de desaparecer por la manga de embarque nos dejó un último saludo y la imagen de su carita luminosa llena de sonrisa e inundada de lágrimas, junto con la promesa de volver para el casamiento de su hermano. Una tarde sonó el teléfono anunciándonos que nuevamente seríamos abuelos y que volvería cuanto antes. Por eso ahora con mi esposa decimos: ¡Gracias, Barcelona, por tener un aire tan fecundo!

Jorge Nieva

27.6.03

Búsqueda en la red

Ese día decidió buscar un cuento corto en el espacio cibernético. Después de prender su ordenador. y navegar por la red, llegó a esa página. Pasó por los cuentos del autor, y buscó entre las colaboraciones uno que le llamara la atención.
Ahora lo está leyendo. Todavía no sabe qué es lo que pretende su autor. Hasta ahora sólo hay una descripción de una búsqueda en la red. Se pregunta si tendrá algo nuevo que aportar. ¿Será igual o diferente? Parece ser diferente, pero tiene un final exactamente igual. Como todos, en ese sitio, termina en la palabra número cien.

Alex Kalawski Boza
Pleitos

Hoy he llegado al trabajo y mi teclado no estaba.
En la pantalla se veia un archivo de word que ponia:
"no soportaba mas tus golpes. Mi abogado se pondra en contacto contigo"
Espero que lo haga por teléfono o no podré responder al mail.

Ahora yo me pregunto,
¿me denunciara mi telefono por mis gritos?
¿mi nevera por mis saqueos?
¿mi plancha por el calor?
¿mi sofa por mi sometimiento?
¿mi television por mi olvido?
¿mi raton por mi manoseo?
¿mi boligrafo por mis mordiscos?

Tal vez deba pedir un aumento para hacer frente a una legión de abogados.

Caelete

23.6.03

Llegar a cien

Le parecía una exageración hacer tanta algarabía alrededor de un número. Tanta expectativa. Tanta espera. Es verdad que llegar a cien no era cosa de todos los días. Aunque muchos se lo propusieran era muy difícil lograrlo. Había que hacerlo con cuidado, tomar todas las medidas y precauciones, evitar los obstáculos del camino. Actuar con parsimonia, midiendo las fuerzas, sin hacer ni de más ni de menos Aunque en el fondo, tenía que reconocerlo, le alegraba profundamente estar tan cerca. Faltaba poco. Lo iba a conseguir. Justo, en ese momento, podía celebrar. El cuento llegaba a la palabra número cien.

Alex Kalawski Boza

22.6.03

La verdadera autora

Nadie sabe su secreto, su verdadero poder, (podría haber resultado evidente, pero nadie se atreve a sospecharlo). Es la autora invisible (aunque a la vez, es enteramente visible).
Estaba cansada de su inestabilidad. La hacía ser poco práctica y por lo tanto casi inútil. Aburrida de su situación, simplemente se dejó caer. Para su sorpresa se movió, y no sólo se movió sino que dio un golpecito. Pasado un tiempo se atrevió a dejarse caer de nuevo y ocurrió lo mismo: otro movimiento y otro golpecito,
Eso le dio la idea. La mesa de tres patas había inventado el espiritismo.

Alex Kalawski Boza
Temblor en la mesa

Mis padres me conocían bien: caprichoso, impetuoso, como mi abuelo; simpático, bondadoso, como mi madre; inteligente, trabajador, como mi padre. Un día, mientras comíamos, mis padres me recriminaron mis arrebatos de mal genio (me había peleado con mi hermana), heredados también de mi abuelo. Éste, al oir sus reproches, descargó súbitamente un monumental puñetazo sobre la mesa, declarando a gritos, mientras aún temblaban botellas, vasos y platos, que estaba hasta los cojones de que todos mis defectos se los atribuyeran a él. Hubo un tenso silencio. Entre salpicaduras de sopa, por primera vez en mi vida hice propósito de enmienda.

Albert Rossell
Recuerdos en penumbra

La tarde decae y el comedor está en penumbra. Observo los gestos de papá, difusos al contraluz del ventanal, preparándose un café con leche, disfrutándolo a sorbitos. A mi lado, mamá se lo queda mirando en silencio. Ante nosotros ahora el andar cansino característico de papá, su forma de desplomarse en el sillón frente el televisor. Mamá ya no lo resiste y se marcha a la cocina –papá murió hace años–. En el sillón, mi hermano se incorpora, se deja caer de nuevo, junta sus manos sobre el vientre, como empeñado en que nuestros recuerdos no se pierdan del todo.

Albert Rossell

18.6.03

No va más

Salió de la clínica con gesto patético. Se sentó en un bar y pidió un café. Miró las placas y el gran agujero negro en el tórax. No pensó en él. Sí en su mujer, sus hijos y la hipoteca. Pagó y se fue. Se acordó de la boleta del Quini que había jugado. Entró a la agencia de lotería a controlarla. Salió más pálido que nunca. Llegó a su casa; todos dormían. Se preparó un té. Cerró todas las puertas y ventanas, abrió las llaves del gas y se sentó a ver el noticiero. Mañana sería parte de él.

Jorge Nieva
Duda

Lo mejor que hiciste, debo convencerme, fue no contestar los innumerables correos que mi corazón dictó. No lo comprendía, más lo hacías para que finalmente con cincel entendiese que lo nuestro era imposible. Solo tratabas de ayudarme a desistir del intento de alcanzarte. Se, probablemente, deseabas no escribiese, facilitándote las cosas. Sin embargo, no podia evitar escribirte que jamás nadie te amará, sin interés, sin esperar nada a cambio, como lo es este amor mío. No comprendo qué es esto que nos ha envuelto a ambos. Un día siento que es algo sublime. y otro, que es una inevitable maldición.

Rosy Gutierrez

10.6.03

Cono Sur

Mi novia es bonaerense, sus parientes residen allí. Es testaruda y no modifica su vestuario cuando va a visitarlos. Si va a verlos en verano sufro pensando en el frío que hace en Argentina, temo que vuelva resfriada. Si va en invierno me imagino el calor que debe estar pasando, me preocupa que padezca alguna diarrea estival. Por eso siempre le recomiendo que vaya en otoño, porque allí hace buen tiempo y si pierde el paraguas qué más da. Pero esta vez ha vuelto con unas ronchas rojizas por todo el cuerpo, una alergia primaveral a vete a saber qué.

Albert Rossell

3.6.03

Dionisio

A Dionisio le gusta el verano en la costa. Cuando él y su mujer –entonces una moza guapa donde las haya– se fueron del pueblo y pusieron el bar justo ante la playa fue como empezar a quitarse de encima la mantilla oscura de su mundo anticuado para abrirse a la luz del mar. Pero se tomaron su tiempo. Y ahora, mientras observa a las chicas en la arena, luciendo colores breves sobre su cuerpo, ante tanta ausencia de ropa se pregunta si esos muslos, esos pechos, esas nalgas, debió tenerlos también alguna vez su mujer, bajo el vestido negro.

Albert Rossell

29.5.03

Tablas

No me parezco a papá. Yo soy mejor. Es cierto que al principio me ganó muchas partidas, probablemente miles. Mas con los años aprendí a mover mejor las piezas, y al fin nuestro nivel de juego se asemejó. A menudo hacíamos tablas. Luego, cuando empezaba a ganarle, murió. Siempre fue cobarde. Pero habrá tenido mucho tiempo para entrenarse, porque ahora se atreve a desafiarme desde el otro lado de los espejos. Por eso llevo siempre encima el pequeño tablero magnético. Y cuando me da la jaqueca me tomo las píldoras y hasta que me hacen efecto no voy a orinar.

Albert Rossell

27.5.03

Metamorfosis inversa

Me gusta darle la vuelta a todo. Por eso nací humilde y ahora dirijo un holding. Por eso fui a una escuela pública y ahora mis hijos van a un colegio exclusivo. Por eso a mí siempre estaban contándome esa memez del capullo de seda que se vuelve mariposa y a mis hijos les enseñan “alta dirección”. Ayer, casualmente, vi que el inepto de Ramírez tenía, como fondo de pantalla, una foto enorme de una mariposa. Acabo de llamar a los de Tecnología. Se la cambiarán por una foto del propio Ramírez. Sí. Me gusta darle la vuelta a todo.

Albert Rossell

25.5.03

No desees...

Introdujo las llaves en la cerradura venciendo una pequeña resistencia inusual para abrir. Atravesó el umbral. Se asustó: era su casa y no la reconocía. Sus funcionales muebles se habían convertido en barrocos, sus libros de ensayo en ciencia-ficción, su desorden en orden, su música gospel en chill-out… Antes de que sus viejos pensamientos le abandonaran para convertirse en nuevos, pasó por su escéptica mente su último cumpleaños, su deseo, en el que nunca creyó y que llevaba pidiendo tantos años, antes de soplar las velas: "quiero cambiar de vida". Ironías del destino… el cambio llegaba cuando ya era feliz.

Mònica Segura

22.5.03

Sueño

Sueño. Y en mi Sueño, Deliro sobre mi destino. Porque mi Destino no es sino Delirio vestido de Sueño. Mis delirios me empujan al Sueño de mi Destino, destino libre de Delirios y Sueños. Porque tras mi Sueño y Delirios sobre el Destino, Despierto. Y no puedo evitar el Delirio. Todo sigue igual, sueño y delirio dueños de mi destino que escapa más allá de mis sueños. Destino inalcanzable, y despierto sólo no me queda sino mi Delirio. ¿Acaso no es Delirio mi Sueño de un nuevo destino que me empuje lejos de mis delirios? Sueño. Y en mi sueño…

Anjuin Elekhan
Dudas

Como cada noche, me acechaban los fantasmas. De nuevo, quise ser valiente pero no pude. Me oculté bajo las sábanas, amparado por la estatuita fluorescente del Niño Jesús que tenía entre las manos. Su luz verdosa y verdadera me protegería en mi blando refugio. Pero aquella noche me acosaron también las dudas. Necesitaba apretujar al Niño cada vez más fuerte. Sudé copiosamente y no conseguí dormir. Al levantarme, guardé la estatuita en el baúl de los juguetes viejos. Luego, en la escuela, el retrato del Caudillo y el crucifijo me parecieron, tan sólo, una lámina y un objeto de madera.

Albert Rossell
Qué pena ser miedoso

¡Qué pena ser miedoso ahora que tengo superpoderes! Fue a las pocas horas de ver la peli, pero mis padres no me creen. Dicen que sólo doy saltos largos, que pongo el pie en el suelo a cada momento. No se enteran.
Subirme a la barandilla ha sido más fácil que nunca. Mis padres duermen desde hace un buen rato. La noche es bonita, como un espejo negro. ¡Qué pena ser cobarde! ¡Y qué envidia me dan los otros niños! No paran de lanzarse, descienden a toda velocidad, como si no tuvieran vértigo, y remontan de nuevo hasta sus balcones.

Albert Rossell

19.5.03

Prejuicios

Nacieron con el pigmento inadecuado, en una sociedad aún no preparada para abandonar sus prejuicios. Su futuro era incierto y sólo el azar podía salvarlos de una vida de peregrinaje, desgracias e insatisfacciones. Un día les tocó la lotería. Sus nuevos padres volaron desde muy lejos para rescatarlos, para ofrecerles el calor de un hogar, el amor de una familia, la mejor educación y la tranquilidad de los bienes materiales. Hoy tienen una vida feliz, pero la sociedad no ha cambiado lo suficiente, su pigmentación sigue siendo la misma y, tras unos años, emprenden la difícil búsqueda de su pasado.

Mònica Segura

16.5.03

La caja de hojalata

Huí al sótano y metí miga de pan prensada en mis oídos. Abrí la añosa caja y tomé otra carta al azar:
“Cuando anochece coloco tus fotografías bajo la almohada y así me siento cerca de ti. Al amanecer, las meto en el bolsillo izquierdo de mi uniforme, y así están cerca de mi corazón. Cuento los días que me quedan de servicio para retornar y casarnos…”
Es dulce, me ama, me desea, es dulce, me ama, me…
─ ¡Mala puta! ¿Se puede saber dónde coño te has metido? ¡Que me traigas otra botella de vino ahora mismo o te mato!

Ana Santolaria

12.5.03

Buscándolo

¡Qué por favor, alguien haga comprender a mi amado que lo estoy buscando! Es que él no puede ver y tampoco posee la facultad para oir. El solo me sonríe. Dice que puede interpretar el rostro de mi cara, al sentir el frescor del ambiente, pero parece que tambien tiene problemas con las sensaciones y el tacto. Cree que soy feliz, al sentir el aroma del campo, pero si mal no recuerdo, el doctor tambien afirmó que es un incapacitado de oler.
Me da tanto miedo que alguien lo envenene, pues al fin que tampoco posee el sentido del gusto.

Rosy Gutiérrez

8.5.03

Papilla de frutas

- Papá, papá, ¿dónde estoy? – insiste Jorge.

Le encanta ese juego. Cierra los ojos con fuerza y papá, que ya no le ve, empieza a preguntar:

- ¿Pero dónde te has metido, Jorge? Hace un momento estabas aquí y ahora no te veo...

Es así cada tarde. Jorge es feliz escondido tras sus párpados, en una nada que huele a papilla de frutas, sabiendo que papá le busca preocupado.

Sin embargo, hoy ha sonado el móvil y papá lleva mucho, mucho rato hablando. Y Jorge se acuerda de mamá, que aquel día mantuvo los ojos cerrados demasiado tiempo y ya no volvió.

Albert Rossell
Sólo una imagen

Palpo sin dificultad mis brazos, pero no los veo. Tampoco veo mis manos, pese a que siento su tacto reconfortante al entrelazarlas. Paso mis dedos por las pequeñas heridas del cuello y las percibo en las yemas. Trato de mirar mis pies, mis piernas, la barriga prominente que con la edad me avergüenza menos, pero al parecer soy invisible por completo... Salvo en el espejo. Al otro lado del espejo, aunque no puedo palparlo, mi vientre sobresale todavía. También mis dientes, blancos, hermosos, largos. Afortunadamente ya no hay duda. Me alivia saber que el vampiro es el del otro lado.

Albert Rossell

4.5.03

Mimetismo

Ayer, mientras buscaba frases adecuadas para narrar una historia, me miré al espejo y vi una araña construyendo su tela. A medida que iba juntando palabras, más y más moscas quedaban pegadas en esa telaraña. Me inquietó.

Hoy me faltaba el último vocablo para terminar mi historia. Lo tenía en la punta de la lengua. Al fin se me ha ocurrido, pero en catalán: desimboltura, y, traduciendo, he atrapado la palabra huidiza. Entonces he visto que la araña del espejo tenía ahora dos telas –la nueva con una sola mosca–, y saltaba de una a otra con cierto desparpajo.

Albert Rossell
Hopfferia

A José María siempre le encantó su diccionario ilustrado. En él podía, por ejemplo, buscar la palabra ‘Mariposa’ y encontrar en una lámina la Lemonias sudias, la Morpho cypris o la Hopfferia militaris. Pero ahora está inquieto. En su biblioteca le ha parecido ver a una anciana vestida de negro y manchada de sangre. Luego ha creído que era sólo una sombra. Sin embargo, en la lámina, la Hopfferia militaris lucía unas alas mucho mayores, y la página con la entrada ‘Guerra’ se acompañaba de fotos numeradas (1. Rostros. 2. Piernas. 3. Ojos. 4. Brazos.) que jamás había visto allí.

Albert Rossell
Desde el balcón

Sentado en la falda de mi abuela, en el balcón, repasábamos juntos las marcas y modelos de todos los coches. Recuerdo el ademán del guardia urbano al darles paso, y que me gustaba mucho el “Tiburón”. Esas numerosas tardes con sabor a pan y chocolate no pueden volver. No sólo porque mi abuela nos dejó, y yo he perdido mi afición por los vehículos, y los guardias son semáforos. Es, sobre todo, porque alguna comisión municipal decidió invertir el sentido de circulación de mi calle, que ahora me resulta ajena. Es cierto, el tiempo le da la vuelta a todo.

Albert Rossell
Bajar al sotano (Una continuación)

La que se ha armado hoy aquí. Hay gente de Emergencias corriendo, policías tomando notas, el personal de la oficina está atónito y mi jefe yace lívido en un charco de sangre con un cuchillo clavado en el corazón. ¡Que nooooooo! que no se entera, que Hallowen ya pasó. Lo que parecía una mañana rutinaria, reunión, subida del expediente del sótano... las voces... de repente ha derivado en todo este circo. Y como tengo el traje de sangre (o lo que sea) y soy la única persona que está manchada, si es que ya lo digo yo, me tiene
manía.

José María Puerta
Compañero de viaje

Subí al Subte en la estación Congreso, me senté al lado de un niño de aproximadamente diez años, era un vendedor ambulante. Me preguntó por qué el tren de enfrente no salía, le expliqué que seguramente saldría con posterioridad al nuestro.
Le pregunté si iba a la escuela. No hace falta me dijo, sé leer. Se paró y ensayó con orgullo y dificultad leer los carteles luminosos del vagón.
Me pidió una moneda.
Le dije que no tenía.
Se abalanzó sobre mí.
Me asusté.
Me dio un sonoro beso en la mejilla.
Y no fue a cambio de una moneda.

Lidia Cabrera

Enseñar, dura tarea

Llegó a su clase como de costumbre, temprano. Había preparado cuidadosamente el material, para que esos jóvenes alumnos siempre tan dispersos, se interesaran en los conceptos que había estado enseñando durante tantos años. Siempre había hecho su trabajo con alegría, a pesar de las dificultades, a pesar de lo poco que recibía a cambio.
Sentía el paso del tiempo, su concentración no era la misma, aunque sabía que contaba con una gran experiencia para trasmitir a esas ávidas almas.
¿Pero qué ocurre hoy? Se preguntó.
¿Por qué no llegan mis alumnos?
Lo habían jubilado y se habían olvidado de avisarle.

Lidia Cabrera

22.4.03

¡Encontré la pareja perfecta!

¡Encontré mi pareja perfecta!
¡Después de tanto tiempo! El es mi alma gemela.
Lástima, si lástima. que quien me ama, es Pedro; la dulzura, la tenga Cristin; la soltería, Jeremias; la solvencia económica, Filomeno; la casa grande con jardines, Alfredo. la salud Esteban. y finalmente, a quien yo amo es a Aquilino.
¿qué se puede hacer? Eso es fácil. Me inscribiré en clases de Madam Zania para sus clases avanzadas de espiritismo. Así, a medianoche contactaré desde su tumba al Dr. Frankestein y pediré ayuda para resolver este problema. a la que él encontrará, seguramente una pronta, certera... perfecta solución.

Rosy Gutiérrez

Four twenty

Cuatro veinte por la tarde. El sol pinta las nubes con tonalidades rosas naranjas de película. Un sonido que no alcanzo a distinguir me distrae desde la sala. Hago un segundo esfuerzo por volver al exterior y entonces reconozco el timbre del teléfono. Fumo una vez más. Alzo la vista como intentando entender mi situación y vuelvo a escuchar el teléfono que insiste. Me levanto del sillón. Camino extrañamente. Sigo pensando en la hoja, en la pluma y en mis ideas que se quedan estancadas. Cuando alcanzo la bocina y la llevo a mis oídos, alguien ya había decidido colgarme.

Blanca Quiriarte